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jueves, 19 de agosto de 2010

A DISTANCIA TE AMARÉ (cuento corto)

(Sube el volumen del reproductor)


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Caminaba por La Heras, veía gente a mi alrededor como si cada uno de ellos fueran fantasmas.
El gris cubría el cielo, las nubes estaban tan cerca que creí por un instante que podría tocarlas con las yemas de mis dedos.
Caminaba sin sentir siquiera los pies sonando contra el piso. Una llovizna comenzaba a notarse. Pasé mi mano por el pelo y lo sentí húmedo, no importaba, solo quería seguir caminando, no pensé en detenerme- al menos por ese momento-, el seguir mi recorrido me hacía creer que nada podía hacerte recordar.
Acomodé la cartera en mi hombro, pasó una mujer y muy torpemente por cubrirse de la llovizna que ya se estaba convirtiendo en lluvia, me empujó, me pidió disculpas pero no le presté atención, la miré como si nada hubiera pasado.
Mis pies estaban empapados, así que decidí quitarme los zapatos y seguir descalza.
Nadie me observaba, cada uno estaba en lo suyo, y yo en lo mio.
Vi la vieja confitería de la esquina, donde tantas veces nos sentamos a tomar nuestro cafecito, me ubiqué en la misma mesa y solo atiné a sacar mi atado de cigarrillos.
El mozo se acercó, me saludó como de costumbre y dijo sonriente :
_¿Esperas o pides lo de siempre?_
No hizo falta decirle nada, tan solo vio mi mirada y borrando su sonrisa dijo:
_Ya te traigo el café_
¿Tan evidente era que no llegarías?, ¿tan apagada se notaba mi mirada que el mozo tampoco te esperaba?.
Encendí mi cigarrillo, miré por la ventana y pequeñas gotitas cubiéndolo hacía que mi vista se esforzaba para ver la calle, el viento golpeaba un puertita baibén que daba a la cocina.
El mozo puso la taza de café en la mesa -ni cuenta me había dado- y escuché que solo dijo:
_Servida...llámame si necesitas algo_
¿Si necesitaba algo?, claro que necesitaba algo, necesitaba que la silla frente a mí estuviera ocupada por él.
Tomando de a pequeños sorbos y dando cada tanto una pitada al cigarrillo, me detuve a ver los detalles de los transeuntes.
Una mujer iba con su hijita en brazos, aferrándola en su pecho para protegerla del viento y la lluvia, un hombre mayor tomado de la mano de su esposa y pegando hombro con hombro para que el paragua los protegiera, una pareja de adolescentes que sin preocupación reían mojándose y disfrutando de los pequeños y grandes charcos que se habían hecho en la vereda; y así, personas de todas las edades, de todas las medidas, de todas las historia posibles pasaban delante de la gran vidriera de la confitería, porque no decir también..." de la gran vidriera de la vida".
En mi mente solo pasaban imágenes de días pasados, besos, abrazos, palabras de amor, discusiones, peleas tontas, flores de regalo; momentos, solo eso, momentos que ya no se repetirían.
¿Cuanto tiempo he perdido por no querer ver la caida?. Si tan solo mis ojos y mi corazón se hubiesen abierto a la realidad, seguramente habría podido sentarme a escuchar y decir lo que pensaba. Pero no... esa forma ridícula de amar que siempre me acompañó de creer todo, de ver solo lo que quería ver ,no me permitía ser espectadora de un final.
Una niña se asomó a la ventana dejando un círculo con su boca empañando el vidrio, no sacaba su boquita y me sonreía. Con mi dedo índice la toqué desde adentro y ella sonrió. Estaba con su cabello mojado y su naricita roja por el frio. Por un momento pensé decirle que entre, que tomara un café con leche, pero la madre de golpe la agarró de un brazo y se la llevó. Solo quedó la marquita de su boca y la huella de mi dedo en el centro.
El café ya estaba frio pero no dejaba de ser una buena compañía ver la taza sobre la mesa.
El mozo volvió para preguntarme si deseaba algo más:
_No, gracias, ya debo irme_ respondí queriendo esbozar al menos una sonrisa, falsa, pero sonrisa al fin.
¿Irme?, ¿donde?, ¿para que?. No lo sabía,pero tampoco deseaba estar por mucho tiempo más sentada allí.
Me levanté, acomodé nuevamente la cartera en el hombro, acomodé mi sobretodo y me paré en la puerta de la confintería pensado hacia donde caminar.
No sé porque decidí ir para la izquierda y caminar hacia Sarmiento, aún no tenía idea porque ni para que, pero mis pasos fueron para allí.
Paré, volví a descalzarme y quise que la lluvia me tocara, "había escuchado una vez que eso era bendición", y lo único que deseaba era que mi mente ya no pensara en él. El extrañarlo dolía, el no sentirlo me sangraba el alma, "el no oirlo" me hacía sentir sorda, ya que nada escuchaba, solo su voz deseaba que tocara en mi cabeza como música, haciendo compañía a las gotas que caían sobre mí
.

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Y así, entre el recuerdo de su voz, las lágrimas del cielo sobre mi cuerpo y el recuerdo de su sonrisa quedé parada sintiendo felicidad.
Me tocaron el hombro.
_¿Te sientes bien?_ escuché decir detrás mio
_Como no estarlo amor si ya estás aquí_ mirándolo a los ojos sin salir de mi sorpresa.
_Fui a la confitería, ya no estabas_
_Te esperé, pensé que ya no vendrías_ dije
_Siempre esos locos pensamientos mi vida, creyendo siempre que te abandonaré,¿cuando entenderás que jamás te dejaré?_ dijo con dulzura mientras me besaba

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Hoy, apenas hace 50 años de ese día increiblemente bello, besándonos bajo la lluvia "como bendición al amor", miramos nuestra historia juntos, escuchando nuestro propio tema, la música de nuestro encuentro, de nuestra vida, de nuestro "MATRIMONIO DE AMOR"

Alineación al centro
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Silrita

En honor a todos aquellos que supieron más allá de los avatares de la vida seguir unidos, por aquellos que más allá de los mismo problemas que hoy en día tiene cualquier pareja, siguieron apostando al amor. Y porque en definitiva sigo creyendo en los finales felices
Para ellos este escrito